martes, 10 de abril de 2012

Meteorización y Erosión



La meteorización y la erosión tallan, pulen y cincelan lentamente las rocas, convirtiéndolas en obras de arte en constante evolución, y transportan los restos al mar.

Ambos procesos son independientes, pero no tienen lugar el uno sin el otro. La meteorización es el fenómeno químico y mecánico que rompe y esculpe las rocas; la erosión, sin embargo, arrastra los fragmentos restantes, llevándolos lejos.

Al trabajar juntos crean maravillas naturales, como las altas rocas de las montañas o los vastos desiertos, pasando por esculturales acantilados que son golpeados por las aguas violentas de los océanos.

El agua es la herramienta más versátil. Pensemos por ejemplo en la lluvia en un día gélido. El agua entrará por las grietas y hendiduras de las rocas y por la noche, al bajar la temperatura, se transformará en hielo, que se dilatará y partirá la roca. Al día siguiente, con el calor del sol, el hielo se derretirá y arrastrará los fragmentos restantes.

Los  sucesivos cambios de temperatura también pueden debilitar y fragmentar las rocas, que se dilatan con el calor y se contraen con el frío. Este fenómeno puede lentamente transformar piedras en arena del desierto. Del mismo modo, los cambios constantes de ciclos secos y húmedos pueden desmenuzar la arcilla.



El viento recoge y arrastra los trocitos de arena que, al entrar en contacto con rocas cercanas, pueden pulirlas y alisarlas muy lentamente. En la costa, la acción de las olas arrastra con su vaivén los fragmentos en la arena.

Las plantas y animales también producen impacto en los minerales. Los líquenes y musgos pueden introducirse por las grietas y hendiduras de las rocas y echar raíces. Así, a medida que crecen, también las grietas se hacen más grandes, pudiendo fragmentarse. Los animales, desde los más pequeños a los más grandes, pisotean y aplastan las rocas cuando corren por la superficie o cavan bajo tierra. Además, las plantas y animales producen ácidos que, al mezclarse con el agua de lluvia, crean compuestos que desgastan las rocas.

Igualmente, el agua de la lluvia se mezcla con sustancias químicas, formando mezclas ácidas que descomponen la roca. Por ejemplo, la lluvia ácida disuelve la caliza y provoca la formación de karsts, terrenos con fisuras, corrientes subterráneas y cuevas como los cenotes de la Península de Yucatán (México).

En lo alto de las montañas, la nieve y el hielo forman glaciares que se sostienen sobre las rocas, a las que van lentamente empujando debido a la fuerza de la gravedad. Junto con el hielo, las rocas van formando un camino a medida que el glaciar desciende montaña abajo. Cuando éste comienza a derretirse, deposita su cargamento de roca y tierra, transportando los restos hacia el mar. Los ríos depositan en el mar millones de toneladas de sedimento al año.



Sin la ayuda del agua, el viento y el hielo, los sedimentos se acumularían ahí donde se forman, ocultando las esculturas naturales formadas por la meteorización. Aunque la erosión es un proceso natural, las prácticas abusivas como la deforestación o el excesivo pastoreo pueden acelerar el proceso y acabar eliminando el material que necesitan las plantas para desarrollarse.  


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